lunes, 27 de junio de 2011

EL PESIDENTE ALLENDE TIENE SU MONUMENTO EN SAN JOAQUIN


El Sueño de Allende aún es posible

Así, escrito con plumón en un papel cualquiera, adosado a un palo; sostenían el cartel con esta maravillosa consigna, un puñado de adolescentes. Eran cientos de ellos los que se concentraron en la Avenida Salvador Allende esquina las Industrias. En este barrio popular, bravo, barrio obrero de la Comuna de San Joaquín, ahí se descubrió una estatua del presidente mártir. Se conmemoraban 103 años de su natalicio.



Fuimos muchos los que acudimos a la cita, el llamado fue a través de Internet, por teléfono, casa por casa, a viva voz. Los medios tradicionales no consideran importante la noticia, no responden a sus únicos intereses, los económicos. Ellos sí alimentan el debate: ¿Allende se suicidó?, ¿Fue asesinado por los militares golpistas? ¿Fue muerto por sus propios camaradas?



Así se entretejen los mitos, acerca de la muerte de los grandes. A esas mayorías cada vez menos silenciosas de la que yo formo parte; no nos interesa desentrañar el mito de su muerte. Allende murió en el lugar donde su pueblo lo puso; en la Casa de los Presidentes de Chile, en la Moneda. Su muerte heroica y llena de simbolismos que ningún historiador, por más elemental y derechista que sea; podrá alterar y desprender del inconsciente colectivo de los chilenos, todo el significado de su entrega, toda su grandeza. Sólo muerto lo pudieron despojar de su embestidura, embestidura que el tiempo y la historia le devuelve con honor y gloria.



Su figura potente; su discurso poético, premonitorio, revolucionario y factible, crece y se agiganta en los recodos del tiempo. Su estampa del político consecuente, veraz y decente; se engrandece y es imposible compararlo con los mercachifles de hoy, titiriteros de la política, mercaderes de la ignominia, bufones del Dios Dinero, comparsas del mercado y la conveniencia



Los jóvenes ante la carencia de verdaderos líderes del presente y futuro, ante sus demandas desoídas durante décadas, ante tanta injusticia, jamás reparada; recurren a su inmortal legado, hacen suyas sus obras, exigen sus promesas.



A ciento tres años de su nacimiento, a casi treinta y ocho del fatídico golpe de estado; una multitud respetuosa lo recuerda develando su estatua. Junto a Antonella, mi nieta de ocho años, leo emocionada el cartel que portan los jóvenes: El sueño de Allende aún es posible”…


Iris Aceitón

FOTOS: ALVAR HERRERA

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